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Historia 20 Feb 2019

206 Aniversario del nacimiento del Dr. José Eleuterio González

"…fue un luminar para la ciencia. Un tesoro para la juventud. Un consuelo para la humanidad doliente y un orgullo para Monterrey." Guillermo Prieto.

José Reymundo Eleuterio González Mendoza nació en Guadalajara, Jalisco, el 20 de febrero de 1813. Hijo del capitán Matías González y de María Ana Mendoza, originarios de Nochistlán, Zacatecas. Debido al brote de rebeliones insurgentes emigraron a la capital tapatía. En 1815 muere su padre y queda bajo la protección de su tío materno, el Lic. Rafael Mendoza.

A los 12 años es inscrito en el Colegio Seminario, el cual abandonó para después ingresar al Instituto Literario de Guadalajara, que sustituyó a la antigua Universidad. A la muerte de su padrino y protector, y con el matrimonio de su hermana, decidió emigrar de su ciudad natal a invitación del religioso regiomontano Fray Gabriel Jiménez. Por cuestiones de salud del religioso, se establecen en San Luis Potosí en 1830. Ahí fue practicante de medicina en el Hospital Nacional de San Juan de Dios, siendo sus maestros los doctores Pablo de Quadriello y Pascual Aranda.

Tres años después deciden trasladarse a Monterrey, a donde llegaron a finales de 1833. Acompañado de un documento que acreditaba sus prácticas en cirugía y medicina, empezó su labor como médico en el Hospital de Nuestra Señora del Rosario. A escasos meses de haber llegado a la ciudad es nombrado director interino de dicho Hospital.

Debido a la trascendencia de su obra científica, educativa y filantrópica el doctor José Eleuterio González es considerado el humanista más descollante del siglo XIX en Nuevo León. Siendo la medicina y la historia las asignaturas que más cultivó, y sobre la cuales sustento su práctica académica y de divulgación. Conocimientos que también le sirvieron para exaltar sus más altos valores: el amor a la ciencia, la enseñanza a los jóvenes y la atención de la humanidad doliente.

Desde su establecimiento definitivo en Monterrey en 1833, hasta su deceso en 1888, se convirtió en el centro de la vida intelectual y científica de Nuevo León. En el transcurso de su vida recibió las mayores distinciones y reconocimientos, participando activamente en la creación de las bases de la nueva sociedad norestense.

Su intensa actividad intelectual lo llevó a conocer disciplinas como la cronología, la historia, la literatura, la jurisprudencia, la astronomía, las matemáticas, la geología, la física, la geografía, la botánica, la música y, por supuesto, la medicina y sus distintas ramas. Aprendió también, de manera autodidacta, a traducir griego, latín, francés, italiano, inglés, alemán y algunas lenguas indígenas.

Hermenegildo Dávila, su principal biógrafo y amanuense, destaca en sus Estudios biográficos sobre el ciudadano doctor…(1969), el carácter del sabio médico:

“Su trato es demasiado franco, chistoso e insinuante, siendo un depósito prodigioso de anécdotas y cuentecillos que aplica ingeniosa y hábilmente en circunstancias oportunas.(…) La prudencia es su carácter, la sensatez su guía, la reflexión su consejero, la amabilidad su escudo, la filantropía su tema, la virtud su consuelo, el afán y el trabajo su misión y la ciencia y la sabiduría su esperanza.” (pp. 55-56).

Gonzalitos fue un escritor prolífico de libros de historia y medicina, traductor, poeta, servidor público (tres veces gobernador y diputado local, y magistrado, una vez) y profesor de bachillerato y enseñanza superior, tuvo el ingenio y el temple necesarios para cumplir sus más caros anhelos y que son hoy en día su legado más importante: el Consejo de Salubridad (antecedente del ramo de salud pública), el Colegio Civil (preludio de nuestra universidad), la Escuela de Medicina, el Hospital Civil (hoy Universitario), la Escuela de primeras letras (ensayo de la Normal básica), entre otros.

La biografía del sabio médico es también la narrativa de los avatares de la historia del Seno mexicano en el siglo XIX.